C.S. Lewis
Este me lo compré junto con Perder y ganar (Newman) y lo he leído poco después. No es que yo sea muy amigo de los libros filosóficos, pero he de reconocer que éste tiene su punto (más bien un puntazo).
Apenas 100 páginas, y de ésas, me quedo con las 25 que componen la tercera y última parte del libro que lleva el mismo título que el propio libro. Con una brillantez y un modo de razonar claro y directo, C.S. Lewis anticipa – ya en 1944 – cómo tendría que ser ese sistema que, sintiéndose por encima de toda limitación natural (de la Naturaleza y de la ley natural) sojuzgase a las naciones bajo un poder que sólo se guiaría por el capricho – por el deseo, como dice el autor (sic volo, sic jubeo).
Cuando pensamos en profecías futuristas siempre nos suele venir a la cabeza 1984, de Orwell, como el ejemplo paradigmático de en qué podría convertirse la sociedad en el futuro, gobernada por una tiranía que es capaz de definir lo que es la verdad y lo que no, los hechos que han ocurrido y los que no. Sin embargo, siempre me ha parecido un tanto exagerado y novelesco el extremo al que Orwell lleva las cosas.
Por el contrario, en La abolición del hombre, escrito cuatro años antes que el de Orwell, estamos viendo cómo algunas de las situaciones, que en el libro de Lewis sólo eran teorizantes, se dan en la realidad hoy en día bajo el movimiento woke o simplemente bajo políticas de creación ilimitada de derechos por la mera voluntad o conveniencia electoral del político de turno. Lo mejor, o quizás lo peor, es que Lewis explica dónde termina todo esto y, sin ánimo de hacer spoiler, cualquiera se puede imaginar que no es un buen sitio.
Lo dicho, esas 25 páginas valen su peso en oro y deberían ser de obligada lectura en el bachillerato (otro día hablamos de la lectura en la educación)
